INFIELES en el Suplemento NO de Página 12

INFIELES, POP BARRIAL
Electrounder de verano
Por Juan Manuel Strassburger
Al revés de lo que indica la lógica, Infieles no tuvo su debut electropop en un pub lleno gente ansiosa por bailar moderno y dejarse llevar sino en... Plaza Francia, la meca de la canción de protesta y del fogón todos sentaditos. “Para nosotros fue importante. Te diría que hasta nos marcó. Porque no era un público especialmente afín a la banda e igual logramos que les gustara. Cada tarde se nos acercaban muchos artesanos hippies para decirnos que estaban a full”, recuerda con alegría Alexis Tango, cantante y alma mater de este grupo que, desde aquel verano de 2002, busca ganarse un lugar entre las bandas nacionales que siguen el sendero diáfano y veraniego de Virus, Pet Shop Boys o, más acá, Postal Service.
“El verano es algo que nos gusta. Infieles es una banda muy de verano. No sólo por las letras que hablan del mar y de la playa sino por el ideal que tenemos cuando hacemos una gira por la costa: el de buscar que baile toda la gente, desde los superadolescentes hasta los superadultos”, traza coordenadas ideológico-estéticas el compositor de Infieles (completan Gastón Gómez en guitarra y programaciones, y Eliana Lasagni en bajo y voces).
“Por eso decimos que hacemos pop barrial. No nos identificamos con las bandas que tienen una postura más glamorosa, de estrellas”, agrega. Y más allá de que, ejem, sí hay cierto estrellato y glamour en Infieles, es verdad que lo distinto va por el lado del humor y la manera en que la banda –sobre todo en los shows– juega con esa purpurina. “La otra vez lo vi a Cerati en la despedida de Soda Stereo, y me pasó que no le creía nada cuando tiraba un chiste y quería ser gracioso. Estuvo tanto tiempo buscando ser cool que cuando ahora hace un chiste suena forzado. No quisiera que nos pase lo mismo”, pide el cantante. Y en ese sentido, su demorado primer disco, Seducción (2007), busca una recepción bastante menos sofisticada que la de sus inmediatos antecesores.
Es cierto, el álbum adolece bastante en su terminación final (se percibe que las canciones tienen gancho y potencial melódico, pero los arreglos brillan por su ausencia). Pero gana puntos cuando las armonías vocales prevalecen sobre las bases, y queda al descubierto la inocencia de canciones como Caramelos ácidos, La playa o la hermosa Entre fresias y Melancolía (en contrapartida, Pierdo y Estrellas parecen desaprovechadas). Se nota que Alexis Tango tiene un don para las melodías “lindas”, aunque todavía no haya podido plasmarlo del todo. “El disco lo compuse a los 21 años y hoy tengo 26”, reconoce. “Si bien ahora tenemos canciones que me identifican mucho más, preferí sacar el disco así como estaba y quemar esta etapa.” La apuesta es jugada, pero va bien con esta época de temperaturas altas, caminatas descalzas y tormentas repentinas. Un álbum infiel para un estación húmeda y traicionera.