OSCAR MORO: entrevista con Clarin "Espectaculos"


Clarín -
Espectáculos por Mariano del Mazo ENTREVISTA CON OSCAR MORO
"Para mí, es mucho más que un regreso"
El legendario baterista de Los Gatos y Serú Girán, entre otros, vuelve a la música con disco nuevo y al frente de su banda Revólver. Y asegura que aquellos tiempos de excesos quedaron atrás.
En 1969 Oscar Moro tenía 21 años y tanto dinero en el bolsillo que le pesaba. Los Gatos —un tifón que arrasaba con carnavales, shows de televisión y giras con beats como La balsa, Viento dile a la lluvia, Ayer nomás y El rey lloró— eran un máquina de hacer plata. Oscar Moro, entonces, se toma el buque hacia Nueva York: un barco mitad carguero mitad turístico que demora un mes en llegar. Va con sus compañeros de banda —Alfredo Toth, Ciro Fogliatta y Kay Galiffi—, de despilfarro. Litto Nebbia se queda y comienza a afilar su carrera solista: graba el single Rosemary y debuta como actor en El extraño del pelo largo. Estar en 1969 en Nueva York y tener 21 años era cosa seria. "Nos quedamos un año entero. Laburábamos y tocábamos donde podíamos. Llegamos a grabar con un cantante norteamericano del que no me puedo acordar el nombre. Y a la noche íbamos a recitales. Yo vi a Jimi Hendrix, a Frank Zappa, a Muddy Waters, a John Lee Hooker. Justo estábamos ahí cuando fue el Festival de Woodstock. Quisimos ir, pero Ciro no nos dejó. El era el mayor. No, a ver si nos pasa algo, dijo Ciro. La cosa es que vivíamos en el Village y esos tres días no había nadie en la calle: estaban todos en Woodstock. Yo me quería morir. Al mes salió la película y la vimos en Nueva York, todos juntitos. "Oscar Moro todavía insulta a Fogliatta. Cuenta la historia con un cigarrillo en la mano y Juan Rodríguez —ex baterista de Sui Generis y Polifemo— dando vueltas alrededor. Es la sala de ensayo de Rodríguez, un cuarto oscuro con una batería en el medio y mensajes en las paredes escritos con birome. Desde ese cuadrado ubicado al fondo de un pasadizo, en el corazón de una manzana de Palermo Viejo, Moro planifica su regreso a la música. El músico, que tiene medallas como baterista de Los Gatos (y los 500.000 discos vendidos de La balsa), Color Humano, León Gieco, La Máquina de Hacer Pájaros, en fin, Serú Girán y tantos más, está ansioso: este viernes presenta en Niceto su nueva banda, Revólver, que tiene como frontman a Sergio Nasif, ex Alphonso s''entrega. Moro y Nasif (voz y guitarra) más Chino Pérez (bajo), Ariel Rodríguez (guitarra) y Emma Heslop (teclados) tienen prácticamente terminado un disco producido por Alfredo Toth y Pablo Guyot. "Para mí es mucho más que un regreso", dice Moro. "Vos ves cómo estoy...".
- ¿Cómo estás?- Estoy bárbaro. Vengo de una etapa en que tuve problemas. Ahora dejé las porquerías. No tomo una gota de alcohol y como saludable. En un año bajé 10 kilos. Estoy sano.
- ¿Estabas mal al punto de no poder tocar?- Y... sí. La batería es un instrumento muy físico, muy pasional. Y yo no estaba bien. Tengo 54 años pero una cabeza de 20. Y hay un momento en que tenés que parar. Yo me di cuenta que no podía solo y empecé a ir a grupos de autoayuda. Me hincha bastante, pero lo necesito. También hace siete meses que voy a una psiquiatra. Me cambió el bocho: ahora suelo ir a caminar y a trotar un poco por Palermo. Me oxigeno. El objetivo no era la música, era yo. Pero ahora que estoy bien, sí, puedo tocar.Buena parte de la década del 90 Moro la pasó rockeando en madrugadas eternas en el Roxy de Congreso o en el Samovar de Rasputín de La Boca. La bohemia, en realidad, había empezado 35 años antes en La Cueva, el sótano donde se inició el rock argentino ("Tanguito era amigo mío; pobre, estaba enfermo").
Continuó en los bares de Manhattan en 1969 y en los de Londres en 1971. "Me fui con Pappo, que recién había ingresado en Los Gatos. Fue una locura. Una apertura de cabeza muy grande. Vi a The Who tres veces. Cuando me quedé sin plata volví. Los Gatos se separaron y quedé en banda. Me puse a trabajar de chofer de colectivos de transporte escolar. Después me llamaron para Color Humano. Y no paré: siempre viví de la música".
- ¿Ahora también?- Sí. Mal pero vivo. Algunos derechos de autor, algunas clases, algún show. Nunca me interesó lo material. Voy tirando.Es alto y tiene un vozarrón en la línea de los Pappo y los Mostaza Merlo. Un voz áspera, de tabaco. Tiene tres amigos en el rock —Nito Mestre, Beto Satragni y León Gieco—, una mujer desde hace 26 años —Regina— y un hijo, Juan Santiago, de 24, también baterista. "Al principio le enseñé yo, después lo mandé a estudiar con Daniel Colombres".
En su casa de Palermo Viejo —que con gentileza se niega a mostrar "a la prensa oral, escrita y televisiva"— convive con seis gatos y seis perros ("uno de los gatos está jodido y lo tengo en Moreno, en lo de un veterinario amigo").Dice que Regina fue su gran soporte en los tiempos difíciles. "Ojo, yo también la banqué cuando ella estuvo mal. Nos queremos, nos peleamos... Es una relación total. Somos socios y enemigos. Más allá del amor, una gran pareja en la lucha. Lo que ocurre es que yo soy muy... frágil. "
- ¿En qué manisfestás tu fragilidad?- Soy muy "atravesable". Ahora con lo de Malvinas, por ejemplo, con los excombatientes abandonados por el poder, con la cantidad de pibes que se suicidaron. Esas cosas me hacen mucho daño. No sé, será que soy hijo único, que nunca me llevé bien con mis viejos y que tuve una infancia bastante solitaria, pero a veces creo que soy demasiado sensible. Creo que viene de ahí, de cuando era pibe.
- ¿Cómo fueron esos años?- Mis viejos me tuvieron de grandes. Había mucha diferencia de edad. Papá trabajaba como representante de Vermouth Cinzano, mamá de ama de casa. Eramos una familia bien: clase media alta de Rosario. Pero mi viejo era un atorrante y, bueno, le empezó a ir mal. Tuvo que vender todo lo que teníamos. Quedamos en la lona. Me acuerdo que cuando yo tenía 8 años él me mandaba a putear a la puerta de la casa del tipo que lo había hundido. Era muy feo para mí. Después, la clásica: no querían que me dedicara a la música y no creían en mí. A los 17 decidí probar suerte en Buenos Aires con una banda que tenía que se llamaba Los Malditos. La despedida fue terrible.- ¿Por qué?- Los tres llorando. Aquel viaje en tren, con la batería y la imagen de mis viejos llorando, fue terrible. Por suerte, cuando me fue bien con Los Gatos los pude ayudar económicamente.- Dónde ganaste más dinero, ¿en Los Gatos o en Serú Girán?- En Los Gatos. Mucho más. Escucháme: era una fiesta. Teníamos muchísimo laburo y los discos se vendían. Con Serú también gané, pero mucho menos.- ¿Cuando Serú Girán hizo los dos River de 1992 no fue un gran negocio?- No. El negocio fue de la gran cantidad de intermediarios que hubo. Nos cagaron los buitres. Yo estaba seguro de que nos iban a cagar. Cuando nos ofrecieron ir a porcentaje le dije a Charly: "Pidamos un fijo. No sé puede controlar todo". Fuimos a porcentaje, y pasó lo que pasó.- ¿Por qué no fue bueno aquel regreso de Serú Girán?- Para mí estuvo bien. Lo que ocurrió es que fue todo muy apresurado. En dos meses tuvimos que ensayar los temas viejos, grabar el disco nuevo, hacer prensa... Yo igual tengo la grabación original de los conciertos, y es muchos mejor que lo que salió editado.- ¿Por qué no vuelven Los Gatos? Es el único grupo importante de rock nacional que viene sorteando el regreso.- Litto no quiere. Yo tengo todo pensado: mi idea sería hacer muchos conciertos pequeños... Ponele, para mil, o dos mil personas. Lo llamaría a Ciro, que está radicado en España y que estoy seguro que viene. Pero bueno, Litto no quiere.Cuenta anécdotas de Sandro, de Troilo, de Charly García. Estruja el segundo atado de diez cigarrillos: Oscar Moro es la clase de optimista que compra varias veces por día paquetes de diez cigarrillos. Hace preguntas sobre la entrevista ("¿cómo vas a armar todo esto?") y dice que Rodolfo García opina que es el baterista de rock que tocó con más gente en la Argentina.- ¿Por qué será?- Yo no sé si soy un batero brillante. A veces pienso que me llaman de todos lados porque no jodo a nadie. Creo que mi mejor virtud musical es ser buen tipo.
* Oscar Moro fallecio el 11 de julio de 2006.